Crece en Gipuzkoa el aislamiento de personas mayores que no piden ayuda “por vergüenza”

feb, 2019

NOTICIAS DE GUIPUZKOA -JORGE NAPAL - Viernes, 22 de Febrero de 2019 - Actualizado a las 06:03h

DONOSTIA- El riesgo de que una persona mayor acabe siendo víctima de maltrato en Gipuzkoa aumenta de manera notable cuando la soledad es la única compañera del proceso gradual de envejecimiento, un aislamiento progresivo imposible de combatir sin pedir ayuda, algo que hace un número creciente de guipuzcoanos “bien por desconfianza o bien por desconocimiento de los recursos”, según concluye un estudio realizado por la Fundación Hurkoa que se hizo público ayer en Donostia.

Abordar la antesala de la dependencia es una prioridad inaplazable para un territorio con 50.000 personas mayores de 80 años. No por repetida deja de ser preocupante la estadística: el colectivo se disparará hasta los 68.000 ancianos en poco más de una década, pero la dependencia no surge de la noche a la mañana. La incapacidad responde a un proceso gradual, y detectar lo antes posible las situaciones de desprotección “es fundamental” para prevenir y evitar abusos y tratos inadecuados.

Así lo manifestaron ayer representantes de diferentes entidades durante la jornada Una realidad invisible: Personas mayores en situación de fragilidad. Acompañamiento y prevención del abuso, organizada por la Fundación Hurkoa en el Auditorio Centro Carlos Santamaría de Donostia.

Al acto acudió una nutrida representación de organismos relacionados con este colectivo tan vulnerable de la sociedad. Entre otros, estuvo presente el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla;la consejera de Empleo y Políticas Sociales, Beatriz Artolazabal;el diputado general de Gipuzkoa, Markel Olano;el presidente de la Audiencia de Gipuzkoa, Iñaki Subijana, y José Luis de la Cuesta, director del Instituto Vasco de Criminología, organizador del encuentro junto a Hurkoa.

La necesidad de adelantarse al escenario que se vislumbra ha impulsado a la Fundación a diseñar un plan de actuación. Para ello ha realizado un estudio cualitativo en el que se ha recabado el testimonio de personas en situación de fragilidad, asociaciones de voluntarios que les ayudan, entidades socio-sanitarias y del ámbito jurídico, además de los propios trabajadores de Hurkoa, entidad que hoy en día tutela a medio millar de personas mayores.

SITUACIONES “ALARMANTES”José Luis Marañón, miembro del Patronato de Hurkoa y participante del estudio, adelantó algunas de las conclusiones: “Se percibe una desconfianza y desconocimiento de los recursos existentes, con el consiguiente riesgo de manipulación y maltrato de las personas mayores”. Respecto a las situaciones que “deben suscitar alarma”, detalló que se percibe un número creciente de ancianos sin vínculos sociales, e incluso, en los casos en que se cuenta con una persona cuidadora, “hay abusos, tanto por desatención como de índole económica”, al tratar de engañar a sus clientes para procurarse beneficios. Alertó de que la soledad es especialmente preocupante en el entorno rural.

El estudio pone de manifiesto que las comunidades de vecinos envejecen a marchas forzadas, de tal modo que se registran núcleos de personas mayores cada vez más aislados. Entre los testimonios recabados para el informe, un hombre de 75 años reconocía ser el más joven de su entorno. “También constatamos los problemas que surgen tras los ingresos hospitalarios. Se tiende a dar el alta médica a los pacientes porque la recuperación en casa es lo más deseable. El problema es cuando estas personas mayores regresan al hogar y se encuentran solas”.

El informe también alerta de la enfermedad que afecta a personas que hasta ahora han sido cuidadoras pero cuyo estado de salud les convierte ahora en destinatarias de atención. “¿Qué va a pasar con nuestros seres queridos cuando no estemos aquí?”, se preguntan.

“Hay una zona de penumbra por pérdida de capacidad agravada por la fragilidad social” “Hemos conseguido una mayor esperanza de vida, pero hace falta que sea de calidad” “Hay muchas formas de pobreza en el mundo, pero la mayor pobreza es la soledad” “Nos encontramos ante un ‘tsunami’ ante el cual todavía nadie sabe muy bien cómo reaccionar” “Hay que hacer un traje a medida en función de la vida y las necesidades de cada persona” “Se percibe desconfianza y desconocimiento de los recursos existentes, con el consiguiente riesgo” “Hemos identificado situaciones de fragilidad, y nos preocupa que se acentúe el aislamiento”

DONOSTIA- El riesgo de que una persona mayor acabe siendo víctima de maltrato en Gipuzkoa aumenta de manera notable cuando la soledad es la única compañera del proceso gradual de envejecimiento, un aislamiento progresivo imposible de combatir sin pedir ayuda, algo que hace un número creciente de guipuzcoanos “bien por desconfianza o bien por desconocimiento de los recursos”, según concluye un estudio realizado por la Fundación Hurkoa que se hizo público ayer en Donostia.

Abordar la antesala de la dependencia es una prioridad inaplazable para un territorio con 50.000 personas mayores de 80 años. No por repetida deja de ser preocupante la estadística: el colectivo se disparará hasta los 68.000 ancianos en poco más de una década, pero la dependencia no surge de la noche a la mañana. La incapacidad responde a un proceso gradual, y detectar lo antes posible las situaciones de desprotección “es fundamental” para prevenir y evitar abusos y tratos inadecuados.

Así lo manifestaron ayer representantes de diferentes entidades durante la jornada Una realidad invisible: Personas mayores en situación de fragilidad. Acompañamiento y prevención del abuso, organizada por la Fundación Hurkoa en el Auditorio Centro Carlos Santamaría de Donostia.


Al acto acudió una nutrida representación de organismos relacionados con este colectivo tan vulnerable de la sociedad. Entre otros, estuvo presente el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla;la consejera de Empleo y Políticas Sociales, Beatriz Artolazabal;el diputado general de Gipuzkoa, Markel Olano;el presidente de la Audiencia de Gipuzkoa, Iñaki Subijana, y José Luis de la Cuesta, director del Instituto Vasco de Criminología, organizador del encuentro junto a Hurkoa.

La necesidad de adelantarse al escenario que se vislumbra ha impulsado a la Fundación a diseñar un plan de actuación. Para ello ha realizado un estudio cualitativo en el que se ha recabado el testimonio de personas en situación de fragilidad, asociaciones de voluntarios que les ayudan, entidades socio-sanitarias y del ámbito jurídico, además de los propios trabajadores de Hurkoa, entidad que hoy en día tutela a medio millar de personas mayores.

SITUACIONES “ALARMANTES”José Luis Marañón, miembro del Patronato de Hurkoa y participante del estudio, adelantó algunas de las conclusiones: “Se percibe una desconfianza y desconocimiento de los recursos existentes, con el consiguiente riesgo de manipulación y maltrato de las personas mayores”. Respecto a las situaciones que “deben suscitar alarma”, detalló que se percibe un número creciente de ancianos sin vínculos sociales, e incluso, en los casos en que se cuenta con una persona cuidadora, “hay abusos, tanto por desatención como de índole económica”, al tratar de engañar a sus clientes para procurarse beneficios. Alertó de que la soledad es especialmente preocupante en el entorno rural.

El estudio pone de manifiesto que las comunidades de vecinos envejecen a marchas forzadas, de tal modo que se registran núcleos de personas mayores cada vez más aislados. Entre los testimonios recabados para el informe, un hombre de 75 años reconocía ser el más joven de su entorno. “También constatamos los problemas que surgen tras los ingresos hospitalarios. Se tiende a dar el alta médica a los pacientes porque la recuperación en casa es lo más deseable. El problema es cuando estas personas mayores regresan al hogar y se encuentran solas”.

El informe también alerta de la enfermedad que afecta a personas que hasta ahora han sido cuidadoras pero cuyo estado de salud les convierte ahora en destinatarias de atención. “¿Qué va a pasar con nuestros seres queridos cuando no estemos aquí?”, se preguntan.

Según alertó Marañón, se constata como especialmente preocupante la situación que se está viviendo en el entorno rural, donde todo lo anteriormente expuesto se multiplica exponencialmente. “Hemos intentado identificar a las personas en situación de mayor fragilidad. Nos preocupa que se acentúe el aislamiento de quienes viven con una red de apoyo muy pobre”, reveló Bakarne Etxeberria, responsable del programa de Fragilidad de Hurkoa.

PROYECTOS PILOTOCon los resultados de este informe sobre la mesa ya se han lanzado proyectos piloto en municipios como Irun o Azkoitia, que no son más que un primer paso, en un contexto en el que el centro referencial Adin Berri de Pasaia, previsto para 2022, está llamado a cumplir un importante papel. El diputado general de Gipuzkoa, Markel Olano, reconoció ayer que “nos encontramos ante un tsunami ante el cual todavía nadie sabe muy bien cómo reaccionar. Algunos dicen que el ejemplo a seguir es Japón y, a la espera de lo que pueda ocurrir, es evidente que se nos abre un campo enorme para la innovación. No hay que caer en el pesimismo, tenemos la oportunidad de ser pioneros, trabajando de la mano con centros tecnológicos y empresas que vean en este sector una oportunidad”.

En esa misma línea, la directora de Adin Berri, Rakel San Sebastián, reincidió en la apuesta “por la persona” con la que ha nacido la nueva estrategia. A este respecto, detalló que en la primera convocatoria realizada para financiar nuevas líneas de actuación se presentaron 54 proyectos. “Estamos viendo que existen sinergias entre todos ellos, y el fin de Adin Berri es aglutinarlos. Hace falta diseñar estrategias socio-sanitarias acompañadas de proyectos que coloquen a las personas en el centro, de los que surjan oportunidades”.

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